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Extracto del p. MD Philippe sobre el tiempo de Cuaresma: la oración y la lectio

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El tiempo de Cuaresma según san Benito: la oración y la lectio

Durante este tiempo, hay que evitar todas las negligencias, debemos preservarnos de todo vicio. Por lo tanto, es necesario que la conversión de nuestras costumbres sea muy perfecta, que sea muy actual. No podemos contentarnos de una vida aparentemente virtuosa.

Así mismo, también debemos «aplicarnos con lágrimas a la oración, a la lectura, a la compunción del corazón y a la abstinencia». San Benito insiste de manera especial sobre la oración y la lectio divina durante la Cuaresma. Insiste en ello porque estos ejercicios revelan las decisiones privadas de los monjes. Aquellos que durante este tiempo litúrgico deben hacer un esfuerzo de llevar una vida más contemplativa, más solitaria y unida a Cristo. La oración ferviente y la lectio divina deben ayudarles en ello.

Padre Marie-Dominique Philippe

«Análisis teológico de la regla de san Benito»

Preguntas al padre Marie-Dominique Philippe, parte I

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Preguntas al padre Marie-Dominique Philippe (Parte I)


¿Cuál es su personaje histórico favorito?
Juana de Arco.

¿Su santo favorito?

San Juan.

¿Su santa favorita?
La Virgen María.

¿Su filosofo favorito?
Aristóteles. Él es la encarnación de «aquel que regresa a la fuente», como Péguy define al filósofo. LA búsqueda de la verdad, es en efecto regresar a la fuente, sabiendo que nos acercamos a ella sin poseerla totalmente. También es aceptar estar solo: es fácil bajar el río. Los cadáveres también bajan el río, incluso más rápido que los otros…

¿Qué profesión le hubiera gustado ejercer?
Arquitecto.

¿Quién le hubiera gustado ser?
El discípulo bien-amado.


Entrevista al padre Marie-Dominique Philippe,
publicado en el periódico « Famille Chrétienne » (Familia cristiana) 1992

Extracto de uno libro del padre MD Philippe sobre la Inmaculada Concepción y la misericordia

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El misterio de la Inmaculada Concepción de María y la misericordia

La Santísima Virgen nos ha sido dada como la obra maestra de la misericordia de Dios, como aquella que tiene por función primordial hacernos entrar por la puerta estrecha y real de la misericordia del Padre.

Puesto que María es verdaderamente esa obra maestra, es, por decirlo así, la misericordia del Padre personificada. En Dios, la misericordia es une atributo; en María, la misericordia de Dios “es” María, en el sentido de que en ella todo es misericordia. En ella, no hay más que la misericordia; por eso es verdaderamente la misericordia del Padre personificada. Puesto que el misterio de Dios está más allá de la misericordia, ésta es un atributo de Dios. El misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, el misterio de la Santísima Trinidad, es un misterio de don, un don de amor, un don absolutamente puro en el cual existe únicamente el amor. El Padre quiere que este amor nos sea comunicado y, para esto, es preciso este gran “puente” de la misericordia, como dice Santa Catalina de Siena.

Padre Marie-Dominique Philippe, “Tres misterios de misericordia”

Extracto de uno libro del padre MD Philippe sobre la Presentación de María, cooperación a la misericordia

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La Presentación, María coopera a la misericordia

La consagración virginal de María se realizó de manera tan secreta, tan íntima, que la Escritura no habla de ella explícitamente. Lo comprenden los que quieren comprender.

La Iglesia afirmó más tarde esta consagración de María; no tenemos, pues, derecho a considerarla como secundaria; ahí comienza la Iglesia de Cristo. Desde ese momento, el Padre, al envolver a María de su misericordia, envuelve también a su Iglesia. Al final, en el Cielo, toda la Iglesia estará reunida en esta misericordia preveniente del Padre. Por eso está escrito que “Él pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y Él, Dios con ellos, será su Dios”; todo será sometido al Padre; todos estaremos totalmente envueltos en el misterio de Dios. El misterio de la Inmaculada Concepción es el gran abrazo del Padre, pero no es todavía la Iglesia. El elemento fundamental de la Iglesia, a partir del cual se organiza, es este misterio de la consagración virginal. Es ahí donde María coopera de manera eficaz y primera a la misericordia del Padre.

Padre Marie-Dominique Philippe, “Tres misterios de misericordia”

Extracto de uno libro del padre MD Philippe sobre la glorificación

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La glorificación de la Iglesia

Glorificar la Iglesia es permitirla vivir siempre de la victoria del amor. Aquí habría que buscar en toda la Escritura el significado de la gloria. Es importante harcerlo, especialmente teniendo en cuenta la unidad con nuestros hermanos de Oriente, quienes están muy orientados hacia la gloria. Nosostros no hablamos mucho de “glorificar la Iglesia”, sin embargo hay ahí una realidad muy profunda. No se trata de hacer propaganda en los periódicos o movilizar los medios de comunicación para que hablen de la Iglesia. Para nada. La glorificación de la Iglesia no es un asunto de la gloria externa; es interior, concierne al Espíritu Santo, y es para que la Iglesia viva plenamente de la victoria del amor. Ahora bien, nosotros, cada uno de nosotros, somos la Iglesia, independientemente del lugar que ocupamos en ella. La Iglesia es nuestra vida ofrecida a Jesús, vivida con Jesús. La Iglesia es el cuerpo místico de Cristo. Y la glorificación del cuerpo místico es la glorificación misma de Jesús a través de sus miembros.

Padre Marie-Dominique Philippe, “Acto de Ofrenda”

Extracto de uno libro del padre MD Philippe sobre el misterio de la Anunciación

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La Anunciación

María, en la Anunciación, manifiesta el realismo de la fe. Su acto de fe la compromete de manera total en el misterio del Padre. La orientación profunda de su vida cambió por esta revelación. Hasta entonces era la espera, el abandono; ahora la contemplación divina se apodera de toda su vida. Desde luego que la contemplación no suprime de ningún modo el abandono, pero exige en cambio una actitud de fe aún más grande, y una esperanza que se apoye inmediatamente sobre la misericordia del Padre que da su Hijo, su Luz.

El Verbo, Luz sustancial que se encarna en María, continúa tomando posesión de nosotros como sus miembros vivos para que nosotros también seamos uno con Él. El gran misterio de la Encarnación se prolonga en nosotros, por y en nuestra fe; por ella, nos transformamos en los miembros vivos de Cristo, participamos íntimamente en su vida, formamos con Él “una sola persona mística”.

Padre Marie-Dominique Philippe, “Tres misterios de misericordia”

Extracto de un artículo del padre MD Philippe sobre la maternidad de María

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La maternidad de María

Este gran misterio de espera, esta presencia invisible del Verbo “que se hace carne” en María, se acaba con Navidad, cuando Jesús nace para nuestro mundo y cuando María está en la alegría de dárnoslo. Y esta maternidad contemplativa va a seguir hasta la Cruz, va a seguir eternamente. Comenzó en la Anunciación, y toma en la Navidad una fuerza y una intensidad que no van a dejar de crecer hasta la Cruz. María está vinculada a la Cruz porque ella es la madre de Jesús. Es la madre del sacerdote, es la madre del Salvador, la madre del Redentor. Aún recibiendo todo de Él, sigue siendo siempre su madre, y eternamente permanece la Madre. Esta maternidad es eterna a causa precisamente de su pobreza tan grande, tan radical, que hace que esta maternidad no tiene ya nada de humano: todo fue transformado por la gracia.

Padre Marie-Dominique Philipppe, artículo publicado en diciembre de 1993