Obrero de la sabiduría

Extracto del libro « Obrero de la Sabiduría » sobre su compasión

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Su compasión excepcional

Citamos a Jordán de Sajonia: «Dios le había otorgado la gracia particular de llorar por los pecadores, por los desdichados y por los afligidos; sus calamidades las gestaba consigo en el santuario de su compasión y sus lágrimas que brotaban a cántaros de sus ojos manifestaban el ardor del sentimiento que lo inflamaba.»

Durante toda su vida, el padre Marie-Dominique fue de tal modo discípulo de santo Domingo que se nos muestra como una necesidad citar, en la dedicatoria de esta entrevista, esta palabra de Jordán de Sajonia hablando del fundador de la Orden como el apóstol y el sacerdote que arde en celo por las almas. Esto refleja igualmente lo que era el padre: un hombre con una compasión infinita. Las cimas que alcanzaba con su inteligencia, tanto del lado de su búsqueda filosófica como teológica, en vez de alejarlo de las aflicciones humanas, lo han acercado aún más a ellas.

¿No era ésta la intuición de santo Domingo? ¿Acaso no es consagrándose a la luz como sus hijos e hijas podían acercarse a los más necesitados? Como santo Domingo, el padre Marie-Dominique buscó sin cesar la verdad, y a través de esto, también fue un hombre con una compasión excepcional.

Extracto del libro « Obrero de la Sabiduría »

Extracto del libro « Obrero de la Sabiduría » : un amor extraordinario por la Virgen María

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Su amor extraordinario por la Virgen María

Santo Domingo tenía un amor extraordinario por la Virgen María. Se dice que un día estaba muy desanimado ante las pocas conversiones y se fue a un bosque para rezar y hacer penitencia. La Virgen María se le apareció diciéndole: «¡Hijo mío Domingo, no te sorprendas de no tener éxito en las predicaciones! Porque trabajas en un suelo que no ha sido regado por la lluvia de la Salutación angélica, y fue así como el mundo ha sido salvado… Exhorta a los hombres, en tus sermones, a recitar mi Salterio (más tarde se le llamará Rosario), y recolectarás grandes frutos para las almas.» Para Domingo, recitar el rosario no es más que contemplar con María el rostro de Cristo. El rosario es esta oración de intercesión indispensable que permite a la santa predicación realizar en las almas todos los proyectos de Dios.

Como hijo de santo Domingo, el padre Marie-Dominique no cesó de rezar y predicar los misterios del rosario. Nos decía que la oración incesante del cristiano era el Ave María. Y cuántas veces lo hemos visto con el rosario en la mano, caminando en los corredores, entre los cursos o entre citas… Podemos decir que tenía como divisa escondida la que escogió Juan Pablo II: Todo tuyo María. Tenía un gran amor por la Virgen María. Nos la hacía presente por su inteligencia teológica tan viva. En lo más íntimo de su corazón, deseaba que todos los hermanos y hermanas de San Juan estuvieran totalmente consagrados a ella. El rosario era para él una arma divina que nos permite luchar contra todas las seducciones que nos alejan de Cristo, una fortaleza para nuestra fe, esperanza y caridad, pero también la oración de los pobres que dicen sin cansarse las mismas palabras, nuestro amor por la que es nuestra madre. Para él, era la vía privilegiada para que, como dice San Luis María Grignion de Montfort, «ya no somos nosotros los que vivimos, sino la Virgen María quien vive en nosotros1». El padre Philippe también decía: «Si amamos a María, vamos a amar el rosario, porque será para nosotros el medio para vivir cerca de ella y no dejarla nunca. Eso es el rosario: es vivir con María, vivir por María, vivir en María sin dejarla nunca; y esto en todas las etapas de nuestra vida. Los períodos de alegría, de lucha y sufrimiento; los períodos de victoria, los vivimos con la Virgen María2

Extracto del libro « Obrero de la Sabiduría »

1Cf. San Luis María de Montfort, El secreto de María, n° 55.

2Carta a los amigos de los hermanos y hermanas de San Juan, n° 67.

Extracto del libro « Obrero de la sabiduría » sobre el hombre evangélico

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Un hombre evangélico

«Siempre me gustó mucho que no se diga que santo Domingo era un contemplativo, ni un apóstol, ni un activo maravilloso, sino que decían de él una sola cosa: que era vir evangelicus, un hombre evangélico.» Vivir el Evangelio en todos los lugares, anunciar el Evangelio a tiempo y contratiempo para salvar al mundo, es la luz que nos trasmitía el padre Marie-Dominique y que deseaba para nosotros: «el hombre evangélico es el hombre totalmente relativo a Cristo; y ser totalmente relativo a Cristo es aceptar morir a sí mismo para ser, en todo, aquél que sigue al Cordero a dondequiera que vaya; que sigue a Cristo en su oración, en su enseñanza y que lo sigue hasta la Cruz en la caridad fraterna. Porque la caridad fraterna de Cristo es aceptar dar su vida para salvar a sus hermanos.» (…)

«Seguir al Cordero, es aceptar no ver nada: seguimos al Cordero. (…) Es aceptar no tener ninguna determinación propia, ya no ser uno mismo sino ser el Cordero en nosotros, comprender que el Cordero es todo para nosotros. Seguir al Cordero en nuestra fe, en nuestra esperanza y en nuestro amor es aceptar no decidir nada en nuestra vida; sino decidir todo a partir del Cordero, a partir del corazón de Cristo, es Él quien decide todo, todo. Seguir al Cordero es morir a uno mismo. Seguir al Cordero para no tener más que una preocupación: amar. (…) Ser uno con la herida del corazón del Cordero. Amar. Amar en la alegría, amar en el sufrimiento, amar en la agonía, amar en las luchas. Amar, amar al Padre, eso es seguir al Cordero1

Extracto del libro « Obrero de la Sabiduría », p Benoît Emmanuel Peltereau-Villeneuve

1Velada en la iglesia de San Ignacio, en Roma, el 14 de febrero del 2006.

Extracto del libro « Obrero de la sabiduría » sobre el consolador de sus hermanos

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Consolador de sus hermanos

Consolador de sus hermanos, es de hecho, una expresión utilizada con frecuencia por los contemporáneos de Domingo para describirlo: «…Da una vuelta al “dormitorio”, el corredor que está a lo largo de las pequeñas habitaciones de los hermanos en donde duermen. Reza por ellos, por su perseverancia, para que encuentren la alegría de la práctica de las bienaventuranzas. Si uno de entre ellos está angustiado y no duerme, reza con él y lo consuela. Otro se quitó la cobija dormido y Domingo le pone su cobertor de lana, más tarde, algunos que lo sorprendieron, cuentan que estaba acompañado por la Virgen María o por los santos del Paraíso en esta ronda afectuosa1

El padre lloraba con nosotros2, sobrellevando todas nuestras penas e inquietudes, recibiéndonos día y noche. Salíamos transformados después de haber pasado un momento con él. Al menos por un momento retomábamos la esperanza. Sin desanimarnos, retomaba todo sin cesar con nosotros, con mucha dulzura y una gran fuerza; manifestándonos una confianza total, sobre todo en los momentos en los que éramos más frágiles.

Extracto del libro « Obrero de la Sabiduría », p Benoît Emmanuel Peltereau-Villeneuve

1Jean-René Bouchet, Santo Domingo, pag. 93 (texto en francés).

2Cf. Rm 12,15: «Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran.»

Extracto de libro « Obrero de la sabiduría » sobre el impulso misionero

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El impulso misionero

Descubriendo lo que fue la vida de santo Domingo, capté mejor la gracia que hemos recibido en la Comunidad San Juan. El padre nos invitaba a mirarlo según las palabras que había recibido de Juan Pablo II como el «verdadero» fundador de la Comunidad San Juan. «San Juan, santo Domingo. ¡Hay un gran parentesco entre ellos1

Lo que recordamos en primer lugar, es la caridad fraterna extraordinaria de los hermanos que estaban cerca de santo Domingo, que fue manifiestamente la fuente del desarrollo de la Orden y de su celo apostólico. Si Domingo deseaba que sus hermanos vivieran una caridad fraterna intensa, él no deja de desear «ir a predicar» y les trasmitía esta pasión. Al mismo tiempo, los hermanos sueñan con ir a anunciar la Buena Nueva del Evangelio a todas partes a las que la Providencia los conducirá. Lire la suite »

Extracto del libro « Obrero de la sabiduría » sobre el predicador

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El pasó toda su vida enseñando y predicando

Jordán de Sajonia cuenta que «desde el inicio, la Orden fue fundada para la predicación y la salvación de los hombres». Domingo pasó la mayor parte del tiempo predicando en las calles. También viajó para preparar las fundaciones, para estar en los primeros capítulos generales que reunieron a los primeros hermanos, pero ante todo visita a sus hermanos, los anima a la predicación y los consuela. Viaja sin cesar como un peregrino, siempre de camino para hacer descubrir y hacer amar a Cristo.

El padre Marie-Dominique pasó toda su vida enseñando y predicando. Nunca tuvo una semana de descanso. Constantemente estaba movilizado por el Reino. Un año, nos habíamos divertido presentándolo en el Foro Amor y Vida, intentando calcular el número de conferencias y cursos que había dado en su vida. Más de cuarenta mil… ¡y estamos lejos de alcanzar la verdad! Raramente pasaba más de 8 días en el mismo lugar, y eso fue durante toda su vida. Viajó por todos los continentes. Como Domingo, predica, visita a sus hermanos y los anima para las fundaciones. Un día me confió que hubiera comprendido muy bien que pudiéramos fundar pequeños conventos itinerantes para predicar en las misiones, en el campo, cerca de los jóvenes. Quizás es lo que ya se realiza cuando los hermanos y hermanas se reúnen para realizar los campamentos, peregrinaciones, viajes… También dan testimonio de la caridad fraterna vivida entre ellos, que en el fondo, sigue siendo firmemente lo más contagioso y la gran fuente de fecundidad.

Extracto del libro « Obrero de la Sabiduría », p Benoît Emmanuel Peltereau-Villeneuve

Libro « Obrero de la Sabiduria » sobre el padre MD Philippe

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obrero de la sabiduria

Obrero de la Sabiduria

p. Benoit-Emmanuel Peltereau-Villeneuve et Ariane Schwizgebel

ed: Edibisa