Testimonio del padre Alban Marie

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Testimonio del padre Alban Marie sobre el padre Marie-Dominique PHILIPPE

Conocí al padre Marie-Dominique PHILIPPE en mayo de 1983 después de un período de discernimiento que sólo duro algunos meses.

Entre diciembre de 1982 y mayo de 1983, hice tres estadías en abadías benedictinas, de las cuales dos fueron en Solesmes, con el objetivo de discernir lo que el Señor quería para mí. Durante mi segunda estadía en Solesmes, hablé con el padre SOLTNER, en ese entonces el hospedero y el padre que me acompañaba, de la creciente preocupación en mí del llamado a una vida consagrada y de cierta atracción interior hacia la comunidad San Juan, la cual no conocía, pero de la que sólo sabía que era al mismo tiempo una comunidad contemplativa y apostólica, fundada por un dominico: el padre Marie Dominique PHILIPPE. El padre SOLTNER acogió maravillosamente mi reflexión interior y me dijo sencillamente: “Sabe, esa comunidad es algo maravilloso, muy bueno, tiene que escribirle al padre Marie-Dominique PHILIPPE”.

Entonces, sin esperar más, le escribí al padre Marie Dominique PHILIPPE, confiándole el llamado que yo sentía y mi deseo de conocer la comunidad San Juan. Recibí una respuesta en los 8 días siguientes, lo cual me impresionó luego que descubrí la increíble cantidad de cartas que cada día llegaban a su oficina y que él no tenía el tiempo de abrir. En su carta me invitaba sencillamente a descubrir la comunidad diciéndome: “venid y ved”, y me daba todo su programa de las semanas siguientes para que pudiera encontrarme con él durante alguna de sus estadías en Rimont.

En respuesta a esta invitación visité Rimont para una primera estadía, la cual fue determinante; ahí pues, me encontré con el p. Marie-Dominique PHILIPPE quien me animó en esta búsqueda de la vocación y me invitó a pasar un tiempo un poco más largo en la comunidad para conocerla mejor y discernir mejor; durante esta primera estadía quedé impresionado por 3 cosas que yo buscaba: la importancia de la oración silenciosa, los magníficos cursos de filosofía y teología que pude escuchar, y finalmente una gran caridad fraterna entre los hermanos. Quedé particularmente impresionado por la claridad de sus enseñanzas; yo acababa de terminar 4 años de universidad durante los cuales nunca había escuchado enseñanzas semejantes, con tal claridad, profundidad, e inteligencia, y al mismo tiempo con semejante humildad.

Me acuerdo particularmente del primer curso al que asistí, en el cual él supo hablar de una manera muy positiva de la inteligencia, de su desarrollo necesario para estar plenamente al servicio de la búsqueda de la verdad aunque orientada hacia el amor. Yo provenía de una familia en la que se decía que el desarrollo exagerado de la inteligencia era peligroso y podía volvernos orgullosos, de ello sigo sin dudar, pero escuchando al padre Marie-Dominique PHILIPPE, descubría otro enfoque de la inteligencia, de esta capacidad del espíritu completamente orientada hacia la búsqueda de la verdad y al mismo tiempo al servicio del amor; para mí esto fue una gran revolución interior, lo cual me hizo decidir no esperar más para entrar en la comunidad San Juan. Entré en Saint Jodard algunas semanas después, el 4 de octubre de 1983.

Durante toda mi formación , filosófica y teológica, asistí a todos los cursos que daba incansablemente el padre Marie-Dominique PHILIPPE para formar nuestro corazón y nuestra inteligencia a la vida consagrada como hermanos de San Juan; el día de mi primera misa que celebré en la escuela Guynemer en Compiègne, agradecí a mis padres por haberme dado la vida y una educación cristiana en un verdadero clima de amor, pero inmediatamente después agradecí al padre Marie-Dominique PHILIPPE por todo lo que me había dado a través de la formación, especialmente el amor a la verdad, el rechazo de toda tentación de fideísmo y moralización, el sentido de la determinación aunque guardando una gran flexibilidad (el fortiter y el suaviter del Espíritu Santo que nos recordaba todo el tiempo), pero sobre todo, el gran sentido de la amistad.

La amistad fue el detonador del que se sirvió el Señor conmigo para hacerme escuchar su llamado ; creo que yo hubiera vivido muy mal una lectura despreciativa de la amistad; es todo lo contrario que descubrí con el padre Marie-Dominique PHILIPPE : un gran sentido de la amistad como finalidad propia del hombre y sublimada por Jesús en el gran misterio de la caridad y de la misericordia expresada en el mandamiento nuevo (Jn 15, 12). Es necesario recordar lo que el Cardenal BARBARIN señalo en su homilía el día de las exequias del p. Marie-Dominique PHILIPPE: “La caridad comienza por la magnífica experiencia de la amistad, un tema muy querido por el padre PHILIPPE. Para él, la amistad era ‘la perla del corazón humano’. Dios sabe que él mismo fue admirable y fiel en sus amistades, incluso en circunstancias difíciles.” Sí, “Dios sabe, como lo dice el Cardenal BARBARIN, que él fue admirable y fiel en sus amistades…” Nosotros también hemos sido testigos vivos de ello.

Después de semejante declaración, ¿qué es lo que podría hacernos decir que fue de otra manera?

Tras 6 años de formación a su escuela, y gran número de retiros y sesiones en los años siguientes, hasta su muerte, puedo decir, en verdad, que nunca escuche ni una sola palabra que pudiera ser equivoca y pudiera llevar a un ejercicio malsano de la amistad; sino todo lo contrario. El p. Marie-Dominique PHILIPPE hablaba con mucha fuerza sobre la rectitud que había que tener en el ejercicio de la amistad; no soportaba las amistades que calificaba como empalagosas y caricaturescas, él nos invitaba a algo puro, sano y al mismo tiempo totalmente ofrecido a Jesús para permanecer en una gran libertad interior. Llegue a plantearle preguntas muy precisas sobre el ejercicio de la amistad, sobre cosas muy personales; siempre me dio respuestas muy claras y exigentes que me invitaban a mantener al mismo tiempo un corazón libre y amoroso.

Así lo conocí durante 23 años, de 1983 a 2006 y él fue mi guía durante todos estos años de formación y sacerdocio (fui ordenado el 25/03/1990); siempre estuve impactado, primero por su fervor y también por la fuerza de su inteligencia, por su discernimiento de las personas y de las situaciones, pero igualmente y por encima de todo por su gran misericordia. Sé que se le ha criticado mucho su excesiva misericordia.

El Cardenal BARBARIN lo decía en esa misma homilía: “Su compasión era para él fuente de inmensa esperanza, a veces excesiva. Estaba convencido de que, cualquiera que fuera la miseria de un hombre, éste era esperado por la misericordia de Dios. De toda herida podría ser sanado, levantarse, renacer. A veces, este corazón de padre confiaba, confiaba demasiado, en seres que aún eran frágiles y que habría habido que acompañar de cerca y tal vez poner a prueba, hermanos que habría sido necesario escuchar aún más, para un discernimiento más acertado. Si buscaba para todos caminos de sanación, era principalmente con el propósito de ser para cada uno el testigo del amor del Padre”.

Frente a esta actitud “probablemente” evangélica, siempre he reflexionado que si alguien había podido abusar de la misericordia, no fue él enseñándola y prodigándola generosamente al igual que Jesús la hubiera prodigado sin duda alguna y más aún por ser el Hijo de Dios, sino más bien nosotros, sus hijos espirituales, viviendo la misericordia a veces muy mal, interpretando mal lo que él quería decirnos, y permitiéndonos actos o gestos que no correspondían a lo que nos quiso enseñar.

Ahora bien, si miramos a Jesús en su discernimiento y en el ejercicio de la misericordia, ¿podríamos decir que le faltó discernimiento llamando a Judas y que abuso de la misericordia acompañándolo hasta lavarle los pies? ¿También al llamar a otros 10 apóstoles que serán cobardes en el momento de la Cruz? ¿De dónde la cuestión de saber si el discernimiento de una vocación tiene por objetivo descubrir la verdad del llamado de Jesús sobre un alma o pretende ir hasta adivinar cuál será la respuesta y la santidad de aquel que es llamado? Sólo en esta luz podemos comprender como algunos hermanos han podido dañar o ensuciar la imagen de la comunidad y de su fundador.

Si santo Domingo vivió el “vir evangelicus” exclamando así: “Misericordia mía, ¿qué será de los pecadores?”, es posible que el p. Marie-Dominique PHILIPPE lo vivió exclamando interiormente: “Misericordia mía, ¿qué será de los hombres frágiles, los hombres heridos y pecadores?” Y por consiguiente, no era porque un hermano se comprometía en un camino erróneo que el padre lo abandonaba o condenaba, no, sino que caminaba junto a él, hacía todo lo que podía para ayudarlo a salir del pozo, a levantarse, a continuar su camino con confianza en la bondad del Señor que perdona todo. Pero si un hermano se obstinaba en una mala elección, él respetaba su libertad.

Y si ahora miramos los casos que hacen decir que el p. Marie-Dominique PHILIPPE no tenía suficiente discernimiento y que el número de vocaciones se debía al hecho de que acogía a cualquiera, no creo que se pueda decir que había más con nosotros, cuando él vivía, que en cualquier otra comunidad, o cualquier otro movimiento o diócesis. El p. Philippe Marie MOSSU podría confirmar esta reflexión porque cuando fue vicario general, durante el último mandato del p. Marie-Dominique PHILIPPE como prior general, fue el encargado de resolver este tipo de problemas internos de la comunidad; lo hacía junto con un padre jesuita de Lyon, canonista, el p. DORTEL-CLAUDOT. Y cuando un día, todo preocupado, debía enviarle un nuevo expediente, el p. DORTEL-CLAUDOT lo tranquilizó diciéndole: “¡Deje de preocuparse demasiado, si usted supiera, es peor en otros lugares!”

También me impresionó mucho su pedagogía, por su manera de acompañarnos en el crecimiento de nuestra vida humana y religiosa. Yo calificaría esta pedagogía como positiva, en el sentido de que el padre Marie-Dominique captaba lo mejor de la persona, sin detenerse demasiado en lo demás, y animaba a la persona a crecer a partir de este mejor aspecto que tuviese. Esto implicaba tener como base la confianza, principio básico de toda educación; él creía en la persona, en su capacidad de crecer, de cambiar, de convertirse y de dar lo mejor de sí misma. Incluso si los resultados no eran a la altura de las intenciones. Pero este tipo de pedagogía necesita que estemos más atentos a las intenciones que a los resultados. Esto permitió que muchos de nosotros pudiéramos vivir y realizar cosas que, sin esta confianza, jamás habrían visto la luz. Evidentemente, hablo por mí en primer lugar, pero cuántos de entre nosotros podrían decir lo mismo, si tan sólo fuésemos un poco realistas.

Como pensar que un hombre pudiera atraer y “cimentar” tantas vocaciones en la Iglesia sin esta mirada eminentemente positiva sobre la persona; y no era una mirada sobre la persona simplemente misericordiosa, aún si esto evidentemente implicaba mucha misericordia; era en primer lugar una mirada inteligente, penetrante sobre la persona, el fruto de todo un pensamiento madurado por una búsqueda constante sobre el misterio de la persona humana, y por una experiencia creciente de las maravillas que podían resultar de semejante mirada y acompañamiento.

Sí, Jesús nos dio como fundador a un hombre del Evangelio, un digno hijo de santo Domingo, un “vir evangelicus” como le gustaba frecuentemente recordarlo al hablar de su santo fundador; y es lo que quería para cada uno de nosotros al vivirlo él mismo de manera ejemplar.

Pretender que lo adulamos e idealizamos de manera infantil simplemente es, en mi opinión, un rechazo puro y simple de un don de Dios hecho a la Comunidad San Juan a través de la Iglesia que lo ha reconocido como el único fundador de nuestra comunidad. El carisma fue discernido y reconocido desde el principio, y después ha dado un fruto que nadie puede negar, y que más bien ha provocado la gran admiración de muchos, pero también muchos celos en el seno mismo de la Iglesia. Y sabemos que los celos son fratricidas.

Es muy clásico en la Iglesia que los fundadores sean juzgados y despreciados así por algunos miembros de su propia comunidad o por algunas autoridades de la Iglesia que se consideran más iluminadas que el fundador o que aprovechan algunas circunstancias para crear confusión en las conciencias. En el presente caso, eso se hizo sin tener en cuenta las normas más elementales del derecho y del respeto de la persona. Todo suena mal en esos testimonios contra el p. Marie-Dominique PHILIPPE y por el sólo hecho de que hayan permanecido anónimos no ameritan que les prestemos ni un segundo de atención.

El tiempo y el trabajo asiduo de sus amigos se encargarán de limpiar la historia de todas esas mentiras, como siempre ha pasado en la Iglesia, para dejar brotar la verdad sobre la persona del p. Marie-Dominique PHILIPPE y para revelarnos en quién se ha convertido en el cielo por la gracia de Dios.

En cuanto al carisma, del cual él fue el poseedor para nuestro bien y el de la Iglesia, si ya no es vivido en toda su pureza en el seno de la familia que él fundó, lo será más allá de esta familia, por aquellos que desean permanecer fieles a un don de Dios que no nos pertenece, del cual somos simplemente los depositarios y del que queremos vivir en la fe, tanto como la Iglesia lo permitirá.

Finalmente, me gustaría terminar con una nota llena de esperanza que el Cardenal BARBARIN nos dio al final de la homilía citada más arriba: “El p. PHILIPPE nos deja pues la figura de San Juan como un tesoro. Podemos decir que remonta desde santo Domingo hasta san Juan para tocar al Señor de más cerca. Desea la renovación de nuestra vida teologal por la perspicacia de la inteligencia, para servir a la fe; por la pureza del corazón, para servir a la caridad; y con el impulso de la juventud, para servir a la esperanza”.

Sí, él estaba muy atento a la pureza del corazón. ¿Qué es lo que podría hacernos creer que aquello que tanto deseó para nosotros, que lo que predicó con tanto ardor y vivió con tanto fervor, podría ser ahora cuestionado después de semejante declaración y reconocimiento por un hombre de Iglesia autorizado? ¿Sería también, pues, una falta de discernimiento de su parte sobre lo que era el padre Marie-Dominique PHILIPPE?

Padre Alban-Marie

Dado en Sancti Spíritus, Cuba, el 8 de diciembre 2015.