Testimonio de una hermana, Mexico

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15 de junio del 2013, México

Mi primer encuentro con el padre Marie Dominique Philippe  por fin tuvo lugar el 18 de Noviembre de 1998 en Saint Jodard, el segundo día de mi llegada en Francia.

Yo deseaba ardientemente conocer y palpar de más cerca este carisma que habitaba en la comunidad San Juan, y esto gracias al fervor visible y tangible de  los hermanos y hermanas en México. Este amor y este respeto  tan grande por la sagrada Eucaristía se transparentaba profundamente,  de lo cual la misma comunidad daba testimonio de que si vivían de esta manera, era porque el padre Philippe les había transmitido este espíritu, como instrumento del Espíritu Santo.

Siendo ya parte de la comunidad de las hermanas de San Juan, fue através del sacramento de la reconciliación como pude conocer al padre, el cual fue un encuentro lleno de alegría, de bondad y misericordia. En este primer encuentro el padre me ayudó inmediatamente con mucha simplicidad a sobrepasar las diferencias que podía haber en una comunidad donde había la diversidad de culturas, haciéndome ver la finalidad y estando en un continuo realismo.

Con respecto al sacramento de la reconciliación, el padre Philippe siempre me mostró la grandeza del perdón y de la misericordia, del deseo de permanecer cerca del corazón de Jesús y de la Santísima Virgen Maria, y todo esto con una gran pureza de corazón.

El padre Marie Dominique fue un hombre que supo responder en su vocación a esta llamada de Dios, siendo un verdadero servidor de Dios y de la Iglesia, viviendo profundamente lo que predicaba y dando siempre testimonio de lo que el exhortaba a vivir ; él nos condujo siempre por un camino de fe , de esperanza y caridad; él  nos mostró  y nos guió  en un camino ferviente de búsqueda de la verdad tomando los medios que la misma Iglesia aconseja : La Filosofía y la Teología; el dio testimonio de ser un fiel hijo de la Iglesia, por su docilidad, por su amor y así nos enseñaba a amarla; dio testimonio profundo de amor y fidelidad al Santo Padre , vicario de Cristo.

El padre Philippe me hizo comprender la grandeza de una vida de oración, y despertó en mí esta sed por la oración, esta sed por la búsqueda de la verdad, esta sed por la vida consagrada, esta sed de Dios.

El padre Philippe era un padre de un corazón puro, lleno de alegría, de esperanza y de un gran impulso a pesar de las grandes luchas que pudiera haber, y que él, como padre y como apóstol, portaba; él cargaba con nosotros todos nuestros sufrimientos; él daba su tiempo a  pesar de que no tenía un solo minuto para sí mismo porque estaba totalmente entregado a todos; él tenía un gran sentido y respeto por la persona.

De él yo guardo profundamente lo que escuchaba decir de parte de los hermanos y hermanas: “Tener un gran respeto por cada uno y respetar el ritmo de cada quien”,  fue algo que me conmovió porque eso me hablaba del amor de Dios, de ese amor que Dios tiene por cada uno de nosotros: un amor  particular, grande y único. Eso yo lo recibí del padre Philippe.

Sí, el padre Philippe era un religioso que tenía  un gran corazón, lleno de alegría y de esperanza seguramente porque estaba totalmente entregado al Señor. Solo Dios conocía su corazón. Solo Dios es quien juzga y nadie de entre nosotros tiene el derecho de juzgar a alguien que dio testimonio evangélico teniendo un gran celo por la verdad  durante toda su vida.

Una hermana