Testimonio de un hermano, Francia

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Soy sacerdote de la Congregación San Juan, en la cual entré en 1988, ahora tengo 44 años. Entre 1988 y 2006 tuve numerosas oportunidades de seguir las enseñanzas del padre Marie-Dominique Philippe, de verlo vivir en medio de nosotros y de encontrarlo personalmente. Es por ello quisiera, aquí, brevemente, sobre todo, dar testimonio de su vida « totalmente entregada al Señor y a sus hermanos », como lo escribió el papa Benedicto XVI el 26 de agosto de 2006m en su mensaje enviado al Prior general unas horas después de la muerte del padre Philippe.

La profundidad de sus enseñanzas sobre el amor espiritual humano y sobre la caridad divina muestra que tenía una gran experiencia de ello. Y de hecho, no se contentó de hablar del amor, lo vivió en acto y en verdad en medio de nosotros. Puedo dar testimonio de que, personalmente, siempre lo vi vivir del don desinteresado de sí en el amor sin reserva, a menudo hasta el agotamiento… creo que podemos decir que era un hombre que vivía lo más posible para Dios y para los demás, con el deseo de no guardar nada para sí mismo.

Agregaría que, en su manera de practicar este amor « hasta el fin, vivía lo que el papa Francisco expresó en la homilía de la Misa de inauguración de su pontificado: «¡No tengamos miedo de la bondad, no tengamos miedo de la ternura!» El padre Philippe nos recordaba que Aristóteles consideraba que la insensibilidad era el peor de los vicios, y era un vicio que él no tenía. Creo que la mayoría de los hermanos y hermanas de la Comunidad recibieron de él más de una vez marcas de su afecto paterno que, lejos de parecernos sospechosas desde el punto de vista de la castidad, eran, al contrario, como un signo de la ternura del Padre de los cielos para nosotros. Yo, que a menudo beneficié de ellas, puedo decir que nunca experimenté nada contrario a la castidad en los gestos de afecto tan sencillos que me prodigaba, como tomar mis manos entre sus manos o abrazarme, tal vez no es inútil recordar que ya era anciano…

Por otra parte estaba totalmente consagrado a la Virgen María y quería que todo en él (su alma, su cuerpo y toda su sensibilidad) le perteneciera, como lo testimonia la oración de consagración que escribió y que rezamos todos los días así como la oración que escribió el 8 de septiembre de 2002 en la que vuelve a expresar su deseo de ser siempre más el hijito de María. No dudo que la Virgen de las vírgenes haya respondido a su deseo purificando siempre más lo que debería ser purificado en él.

Para decirlo en una palabra ví el amor de Dios y del prójimo alcanzar en él una heroicidad. Recientemente se ha hablado de algunos testimonios de gestos o actos contrarios a la castidad, que el padre Philippe habría realizado a mujeres a las que acompañaba. Tales actos son una búsqueda egoísta de placer y ofenden la dignidad de la persona que los padece, ahora bien, eso es directamente contrario a la caridad y al don desinteresado de sí de lo cual el padre Philippe dio prueba durante todos los años que lo vimos vivir en medio de nosotros.

Por otra parte, un hombre que conscientemente realizara tales actos a varias mujeres podría ser calificado como « desequilibrado psicológicamente », pero me parece claro que tal patología.de la afectividad o de la sexualidad no existía en el padre Philippe, si hubiera existido, seguramente no hubiera podido permanecer escondida a todos los hermanos por más de 30 años…

Es por ello que, sin pretender evidentemente tener toda la verdad y respetando plenamente la conciencia de las personas concernidas, quisiera decir que lo dicho recientemente a su respecto me parece contrario a la experiencia personal que tuve del padre Philippe durante casi 20 años. Pero me pregunto si sucedió que hubo gestos que él consideraba muestras de cariño y que fueron interpretados por estas personas como actos contrarios a la castidad. Creo que es sobre todo muy importante que lo dicho recientemente no perjudique el resplandor de la herencia espiritual e intelectual del padre Philippe, especialmente en lo que concierne al amor humano o divino.

Un hermano