Testimonio de Nicolae, Rumanía

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Soy Nicolae, vivo en Bucarest, tengo 82 años; médico internista, aún practico la medicina. Soy uno de los últimos hijos espirituales todavía vivo del Beato sacerdote mártir Vladimir Ghika, tuve la gracia de conocerle y aprender de él casi todos los días en 1952, hasta su encarcelamiento en una prisión comunista, donde murió en 1954.

Hace muchos años, tuve la oportunidad de conocer al padre Marie Dominique Philippe en Saint Jodard (France), donde mi hija residía como hermana contemplativa de San Juan. Volví allá varios años, y cada vez he participado en diversos cursos y conferencias impartidas por el padre Philippe, así como a las misas que celebraba. También fui a encontrarlo, escucharlo y a participar en sus misas cuando venía a Bucarest a visitar a los hermanos, hermanas y oblatos. He leído y re-leído bastantes de sus libros.

Su presencia verdaderamente carismática, su manera de ser, de orar, de celebrar la misa y sus sermones hablaban de su profunda comunión con Dios, de su amor por Dios misericordioso, de su devoción por la Santísima Virgen. Todo esto se reflejaba a través de su persona de una manera evidente. Y el padre sorprendía por su juventud espiritual, su alegría, el placer de comunicar su conocimiento, su afecto por sus estudiantes, su buen humor. Su cultura general, su cultura filosófica y teológica e incluso literaria, eran prodigiosas. Sus palabras, sus discursos y, sobretodo, sus libros, toda su enseñanza, dan testimonio de decenas de años de lecturas, meditaciones, conversaciones con los grandes filósofos y teólogos (la amistad que le unía con el Beato Papa Juan Pablo II es notaria) y con sus numerosos discípulos. Y principalmente, todo esto reflejaba su profunda vida de oración, de meditación, de adoración, de asistencia (y administración) de los sacramentos.

Sus libros son ineludibles en la búsqueda de la verdad y de la sabiduría, búsqueda tan necesaria al hombre contemporáneo, rodeado de tantas tentaciones materiales, intelectuales, ideológicas, etc. Esta búsqueda de la sabiduría, que no está pasada de moda, es una vía de supervivencia – no sólo para los cristianos, sino también para la humanidad en general.

En resumen, creo que el padre Marie-Dominique Philippe, o.p., ha sido un gran Servidor de la Iglesia. Es obvio que Dios se sirvió de su siervo para atraer muchas almas.

Desde hace varios meses, me enteré de que hay testimonios póstumos contra el comportamiento ético del padre Philippe. ¿Por qué tan tarde? Casi siete años después de su muerte… Conozco personalmente a decenas de personas quien, habiendo frecuentado el padre durante muchos años seguidos y en diferentes épocas de su vida, se declaran « impactadas », « indignadas » por estas alegaciones.

Deseo expresar mi convicción personal, que proviene de mi experiencia en lo que concierne a las personas, después de 60 años de práctica de la medicina. Todavía tengo relaciones muy estrechas con mis pacientes, que son sin duda, varios miles o incluso decenas de miles, personas muy diversas, viniendo de los ambientes más diversos. Entonces mi « instinto » en este dominio se ha ejercido mucho. El padre Marie-Dominique Philippe es puro, lejos de comportamientos dudosos. Su buena fe, su sencillez, su transparencia, su entusiasmo lo han designado como una posible víctima, fácil (ya que, estando muerto, no puede defenderse), de algunas miradas maliciosas.

Argumentar en contra de su favor, diciendo: « se atribuyó el calificativo de “pecador”, entonces sabía que tenía cargos de conciencia », esto es ridículo e indigno de una persona que tiene una mínima instrucción religiosa. Recuerdo la palabra que el actual Soberano Pontífice pronunció frente a los Cardenales electores: « Ustedes han elegido un pecador… ».

Por último, no puedo dejar de citar al padre Philippe en un fragmento de su libro « He venido a arrojar un fuego sobre la tierra » (Mame / Hombres de palabra):
« ―En la bienaventuranza de los perseguidos por causa de la justicia, ¿cuál es la actitud que hay que tener frente a la calumnia y la mentira? ¿Hay que defenderse?
―Sí, hay que defenderse de la mentira, porque no se puede pactar con la mentira, que destruye el amor, destruye la fidelidad.
―¿Y frente a una condena injusta?
―Sí, hay que defenderse. Si estás condenado injustamente, hay que defenderse. Si no podemos defendernos, hay que llamar a un amigo que nos defienda, porque hay aquí algo que quebranta la justicia, y quebrantar la justicia es muy grave. Retirarle a una persona la posibilidad de tener una actividad, una fecundidad, suprimir esta fecundidad, es una terrible injusticia, porque afecta a la persona. « 

Espero con confianza la investigación que realizará la autoridad eclesiástica al respecto.

Bucarest, Nicolae