Testimonio de un hermano

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Me gustaría a través de estas líneas, dar testimonio de la obra que Dios ha empezado en mi vida a través de uno de sus instrumentos: el padre Marie-Dominique PHILIPPE.

Querido lector, querido joven, quizás vas a juzgar poco creíble o muy imaginativo que me atreva a dar un testimonio sobre alguien que nunca he encontrado, cuya mirada me es desconocida y que nunca me abrazó… sí, quizás lo vas a pensar y te entiendo, pero déjame contarte un poquito mi historia …

Vengo de una familia poco cristiana, así mi costumbre dominical no era el ir a misa, y menos durante las vacaciones ir a un festival de jóvenes con los hermanos de san Juan o, aun peor, vivir retiros con ellos.

Cuando tenía 16 años (ya después de la muerte del padre), un amigo me ayudó a descubrir a los hermanos y las hermanas contemplativas de san Juan. Para mí, en este tiempo, los católicos no eran más que una clase social de personas reprimidas, y tristes, encerrados en tradiciones estúpidas, que los obligaban a predicar un mensaje que olía a rosas, forzándose a creerlo y a actuarlo exteriormente, y lo hacían por miedo de causar una decepción a su tatarabuelo de la edad media …

Encontrando a los hermanos y hermanas en el priorato de Ginebra (en Suiza), me quede espantado frente a la sonrisa desconcertante que habitaba sus rostros, y también frente a su luminosa mirada y al calor de sus gestos; a la alegría tan profunda y pura con la cual me contagiaban con su simple presencia. Entonces me enfrentaba (entiendan mi expresión) con « verdaderos hombres » y « verdaderas mujeres », y creo que fue eso el “clic” de mi conversión. Estaba con personas plenamente humanas, vivas. Descubrir que existían curas y monjitas que no eran avaros, fríos, mezquinos, tristes, sin carne, eso fue literalmente para mí una revelación.

Así, siendo poco a poco atraído por esta fuente de vida que descubría en estos hombres y mujeres vestidos de gris, iba remontando a la fuente. Y unos meses después, me encontraba con el libro de “Las tres sabidurías”, en las manos. He aquí que descubrí una parte del misterio de estos hermanos y hermanas, tenía bajo mi vista su secreto, empezaba a entender porque eran así.

A través de esta lectura, sentía despertarse en mi todo lo que había de más grande y noble, todo lo que había de mejor, todos los deseos más profundos y enterrados en mi corazón dañado de un joven de nuestro mundo virtual, del placer sensible sin cesar, que ya no necesitaba a Dios, y para el cual los pobres eran la última cosa de la cual preocuparse …

Es la búsqueda filosófica, propuesta por el padre, la que me atrajo inmediatamente. La teología me parecía algo reservado a un élite intelectual, y la mística me parecía como la descripción de lo que pasaba en el cerebro de una persona que había fumado demasiado tiempo hierbas demasiado fuertes.

En cambio, la filosofía era algo concreto, ¡eso sí me hablaba! Así fue que cerca del padre, empezaba a preguntarme sobre el sentido de mi vida, sobre mi responsabilidad, sobre las relaciones con mis amigos, con mis papas, sobre lo que deseaba vivir en este mundo y sobre por qué la vida de los hombres vale la pena ser vivida. En mi conciencia, en esta parte muy íntima y personal de mí, se instauraba como un especie de diálogo con este padre Marie-Dominique PHILIPPE, cuyo propósito era tan luminoso, que me molestaba. Hasta tenía miedo de leerlo, pues daba mucha luz sobre el bien y el mal en mi vida; cada una de sus palabras tenía un peso, un sentido. Denunciaba todas las injusticias, las errores, las ideologías, pero siempre mostrando el porqué. Su propósito no era duro, rígido y acusador; al contrario era luminoso, pertinente, claro y sabio.

Así, empecé a ir a misa en mi ciudad, pero era tan aburrido, que prefería leer “Las tres sabidurías”. Empujado por un hermano, perseveré y descubrí con más intensidad la vida cristiana, el sabor de la oración, la dulzura del sacramento del perdón, la alegría de ser servidor …

Esta sed de sabiduría, este deseo de la luz divina que Dios había puesto en mi corazón por la mediación del padre Marie-Dominique PHILIPPE, se volvía cada día más presente en mi vida, estaba en mi como un fuego devastador. Conforme leía más al padre, más tenia preguntas y más deseaba orar y ver la faz de Dios.

Así, decidí entrar con los hermanos justo antes de cumplir mis 19 años. Esta alegría de dar mi vida a Jesús que he descubierto en el corazón del padre Marie-Dominique PHILIPPE, a través de sus escritos y grabaciones de conferencias, creo que nada ni nadie podrá quitármela, porque he encontrado una fuente de la cual brota siempre más verdad, misericordia, amor fraterno, esperanza … Esta fuente, es esta puerta estrecha que hace parte de la santidad de este hijo de Santo Domingo.

Quisiera concluir mi testimonio compartiéndoles que cerca del padre Marie-Dominique PHILIPPE he descubierto el camino para volverme una verdadera persona; que soy libre porque deseo buscar la verdad hasta el final; que tengo en mi corazón el secreto de la alegría (que está presente en todas las luchas); que ponerse a la escuela de un santo te conduce a tener un lazo más íntimo con tu Dios; que ser cristiano en un mundo de locos es posible –incluso cuando somos jóvenes y estamos contaminados por las ideologías actuales.

Perdón por haber hablado de mí, era únicamente para hablar del padre Marie-Dominique PHILIPPE: este santo profeta de nuestro tiempo, amoroso obrero de la sabiduría divina, loco de Cristo y celoso de anunciar su Palabra en los corazones rotos de los jóvenes de nuestro mundo.

Querido padre Marie-Dominique PHILIPPE, gracias por habernos abierto un camino para ser santos de Jesús en nuestra Iglesia y en nuestro mundo de hoy. Querido padre, gracias por haberse atrevido a entregarse totalmente a Dios, ayúdenos a ir hasta el final de las exigencias de la luz, del amor, de la misericordia de Dios para que seamos verdaderos pobres apresurando el regreso de Jesús y la manifestación de su victoria sobre toda especie de mal.

Señor Jesús, Tu que abriste los secretos del espíritu del discípulo amadísimo al padre Marie-Dominique PHILIPPE, haz que este espíritu permanezca hasta el final de los tiempos, para que la esperanza nunca abandone el corazón de los hombres y siga viviendo en sus hijos y en sus hijas.

Un hermano