Fioretti de testimonios nr 2

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Fioretti de testimonios

Conocí al padre Philippe por primera vez en una misa privada para las Hermanas. Me impresionó bastante por su devoción intensa y visible por la Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor. En el momento que consagraba la hostia con una voz fuerte y que la miraba en adoración, la mantuvo elevada para que podamos adorar un momento. En ese instante tuve una experiencia espiritual que creo que era el poder y la gracia del Espíritu Santo que venían directo del Cuerpo de Cristo presente en la hostia, llenando mi corazón y mi alma con una intensidad tan grande que comencé a temblar y que me dejó con temor. En ese momento, pensé que el padre Philippe debía ser alguien muy santo para que pueda producirse tal experiencia. Esto sucedió hace 10 o 15 años.

Ida, USA

Me gustaría mencionar que el Cardenal Vidal, Arzobispo emérito de Cebú (Filipinas), me había dicho una vez con insistencia en el momento de una entrevista personal. Había encontrado al padre dos veces en su vida en Cebu y para él, no había ninguna duda, el padre era un verdadero hombre de Dios. En el transcurso de esta entrevista, el Cardenal, en varias ocasiones, me decía que qué gracia tenía de haber podido conocer al padre cuando aún vivía.

Una hermana

Cuando el Papa lo vio, lo agarró literalmente con su brazo libre, lo abrazó muy fuertemente y lo besó de nuevo. Los lentes de nuestro padre se le estaban cayendo Todo el mundo vio esto en la televisión una segunda vez y nos preguntaron al día siguiente quién era ese hombre a quien el Santo Padre quería particularmente y con quien pudo intercambiar un tal abrazo de paz.

Un hermano

El padre Marie Dominique fue verdaderamente un maestro. Sabía acompañar sin nunca imponerse. Nosotros teníamos que descubrir el sendero, personalmente. Él sabía iluminar y guiar. Lo que era obscuro se hacía más luminoso. Su mirada fue siempre la del águila. Después de haberlo escuchado, ¡lo esencial nos parece evidente! Claro, eso no duraba siempre… pero con una infinita paciencia volvía a hacer el camino para nosotros, ¡volvía a encontrar para nosotros las bifurcaciones perdidas!

Isabelle, Suisse

Esta docilidad al Espíritu Santo se manifestaba sin cesar en su manera de vivir y frecuentemente nos sorprendió. Un pequeño ejemplo, cuando era vicario en Saint Jodard, unos minutos antes de comenzar un curso para unas 200 personas, me pidió que fuera a buscar el coche y nos fuimos casi volando para ir en ayuda de una oveja perdida, dejando a las “otras 199”, regresando muy noche.

Un hermano

Yo agradecí al padre por compartir sus hermanos con nosotras para ayudarnos a recibir su enseñanza… también le dije que él era “nuestro padre”, así como la Madre (Teresa) era “nuestra madre”, ya que así como la Madre (Teresa) nos había dado una “vida” a través de su ejemplo y la vida que nos trasmitió en medio de los más pobres, él nos daba una enseñanza que aclaraba la vida de la Madre (Teresa).

Mientras yo hablaba, tomó mis dos manos en las suyas y su mirada, muy serio cuando hablaba, empezó a resplandecer a medida que la hermana traducía y que comprendía mis palabras… El encuentro con él fue muy rápido. Quería solamente expresar mi gratitud y decirle que su enseñanza era para nosotras, las Misioneras de la Caridad.

En el transcurso de esos instantes en presencia del p. Marie Dominique, volví a tener la misma experiencia que tuve con la Beata Madre Teresa: la de estar frente a alguien que estaba totalmente presente a mí, que estaba lleno de amor y que quería recibir lo que yo quería decirle…

Una Misionera de la Esperanza