Fioretti de testimonios nr 1

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Fioretti de testimonios

Le dije que había leído las tres sabidurías y que gracias a este libro me “sentí inteligente” al momento de leerlo y él me tomó del brazo y me dijo con una voz cortada que resuena todavía en mis oídos: “Es normal, es la verdad”.

Philippe

Una misionera de la caridad fue testigo del encuentro entre el padre y hermana Nirmala, su superiora general en Roma, para la beatificación de madre Teresa. El padre lloraba de alegría…y las lágrimas corrían sobre las manos de esta hermana, que estaba muy desconcertada por esta manifestación…ella preguntó a su superiora: “¿Qué hago?” y ésta le respondió sonriendo: “Guárdalas preciosamente… ¡son las lágrimas de un santo!”

Un hermano

El padre siempre dio toda su energía. Frecuentemente, su cama era el únicamente el respaldo hundido de un coche poco confortable. Coche seguramente viejo, porque fue dado por un generoso donador que ya no sabía qué hacer con esta carcacha mecánica…Mecánica arreglada por un hermano astuto… Él se acostaba tarde, se levantaba temprano.

A veces, dormía en la casa, puesto que Lyon era un buen lugar entre Friburgo y Saint Jodard. Para estar seguro de despertarse a la buena hora, yo debía tocar a la puerta de su cuarto para decirle: “Padre, es la hora”, “Son las 5, o las 6”, “hay que prepararse para partir” y escuchaba: “Deo gratias”. Otro día comenzaba para hacer amar y dar a conocer mejor a Jesús a aquellos que no lo conocían, o lo conocían mal o no lo suficiente… su vida fue entregada completamente.

Patrick

El nos ayudó a atravesar la prueba de la enfermedad y la muerte de mi marido, enfermo de cáncer en 1988 y muerto en 1995, a los 50 años, con 8 hijos entre 9 y 25 años.

En el momento de una grave recaída, en la cual los médicos le daban solo unos meses de vida, si no es que semanas, hicimos un retiro en Saint Jodard. Él debía recostarse seguido… y seguía muy difícilmente las conferencias.

A nuestro regreso, ¡sus exámenes eran tan positivos que los médicos no podían creerlo y se preguntaban qué habíamos hecho!

Quizá nos faltó fe dejando a los médicos que continuaran las quimioterapias.

Emmanuelle

Una pequeña anécdota de su bondad y su olvido de sí mismo y de su don a los demás: en 2001 el padre estuvo gravemente enfermo, estuvo a punto de morir, y al día siguiente de su salida del hospital, en lugar de descansar y cuidar su salud, comenzó a predicar un retiro en Saint Jodard, me conmovió mucho porque además, una tarde durante esta semana de retiro, vi al padre afuera que iba a toda prisa a la casa de alguien del pueblito, que seguramente tenía necesidad de él.

Una hermana

Amaba la verdad. Nos confió este amor. Todo en él era verdadero. Verdadero en su búsqueda y su trabajo intelectual, verdadero en su vida religiosa, verdadero en su pobreza, en su obediencia y en su castidad. Recuerdo que siendo dada las condiciones difíciles de pobreza en el convento de Salvador (en Brasil), el arzobispo le preguntó si quería otro convento. Su respuesta fue NO. Manifestaba así su total confianza en la providencia. Lo mismo sucedió con el convento de Finale Emilia… En un pequeñísimo Santuario, sin ninguna irradiación, desconocido, después de haber llegado a este lugar, en oración, dijo: Aquí es donde debemos estar.

Un hermano